Alicia Rodriguez, Directora

Comencé a trabajar con barro en 1996, cuando cumplía una condena como prisionera política Puertorriqueña. Fui encarcelada en 1980 por mi compromiso a la lucha Puertorriqueña por la auto-determinación. Ahora, más que nunca, la necesidad de la auto-determinación para Puerto Rico es urgente.

En 2017, dos huracanes catastróficos, que siguen impactando adversamente todos los niveles de la vida en la isla, golpearon a Puerto Rico. A la misma vez, la deuda y medidas de seguridad basadas en una política colonial y neoliberal, destroza nuestra nación.

Como prisionera, mi trabajo con barro fue una fuente de sanación en medio de un ambiente hostil y deshumanizante. El trabajo con barro requería un nivel intenso de concentración que me permitió bloquear distracciones externas, reducir estrés y abrir canales de creatividad.

No fue una tarea fácil de dominar en la cárcel. Sin embargo, con disciplina y perseverancia aprendí a callar mi mente, conectar con la Tierra, y bailar con el barro. Cada pieza de barro tiene una historia, y yo reconozco todas las lecciones que aprendí al trabajar el barro. Este viaje con el barro y el amor y la solidaridad de tantos que me han ayudado en mi camino, me ha hecho una alfarera y educadora comprometida.

Hoy día enseño cómo trabajar con barro, incluyendo las técnicas de construir a mano y de tirar en la rueda, en mi pueblo Cayey, Puerto Rico. Ahora, cuando la gente de Puerto Rico lucha con una crisis económica profunda, estas habilidades proveen importantes herramientas para el auto-empleo y para generar una economía local. Para mí es una gran alegría ver mis estudiantes acceder a su energía creativa y transformarse por su trabajo.

Como maestra, trato de crear un ambiente creatividad que fomente la sanación de la mente y el cuerpo. Animo a mis estudiantes para que se apoyen uno al otro, disfruten del momento y se mantengan enfocados. El trabajo con barro realmente es uno de los mejores antidepresivos holísticos de la naturaleza.

Me he enriquecido con los alfareros que he conocido en Puerto Rico y en mis viajes a Chicago, Filadelfia, California, Arizona, y Hawai. Los alfareros hablan un idioma “timeless” que ayuda a construir comunidades fuertes.

Durante el transcurso de los años, he dado talleres para pacientes con cáncer, jóvenes ciegos, mujeres sobrevivientes del abuso doméstico y estudiantes universitarios. En 2018, en la 65ª convención anual de la Asociación de Psicólogos Puertorriqueños fui co-presentadora de un taller llamado: “Los elementos psicoterapéuticos de trabajar con barro.” Durante los últimos años he realizado talleres de una semana para jóvenes estudiantes de la preparatoria Esperanza Academy en Filadelfia.